Con los años a cuestas… y en la calle*

Por: Elizabeth Palacios

Probablemente la situación más vulnerable que una persona puede sufrir en su dignidad humana es la indigencia o el abandono social. Esta vulnerabilidad se incrementa con la implementación de políticas públicas excluyentes que derivan en la discriminación de los sectores de la sociedad más desprotegidos.

En 2006, el investigador de El Colegio de México, Julio Boltvinik, aseguró que según el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), viven en el Distrito Federal 5.4 millones de personas pobres y 1.3 millones de personas indigentes.1 Las cifras oficiales más recientes hablan de entre 15 y 20 mil personas que viven en las calles de la ciudad de México. Aunque no hay reglas para la indigencia, existen dos grandes grupos de personas sin hogar: las personas adultas mayores y las niñas, niños y adolescentes:

Los primeros, entre 50 años y más, generalmente carecen de medios y posibilidades para mantenerse por sí solos. Fueron echados a la calle por sus familias, abandonados en asilos de los que luego escaparon, o bien con el paso del tiempo perdieron a todos sus parientes cercanos.2

Las instituciones gubernamentales tienen ubicados, a lo largo de toda la ciudad, puntos de encuentro que las poblaciones en situación de calle utilizan para concentrarse: bajo los puentes de Tlalpan, División del Norte, Churubusco y Periférico, construcciones abandonadas, edificios a punto de derrumbarse, las alcantarillas y respiraderos del Metro, nichos subterráneos de Teléfonos de México o de la Comisión Federal de Electricidad, o pasos a desnivel; según los números de la Dirección General de Asistencia e Integración Social del Gobierno del Distrito Federal, de las personas que vagan por la ciudad de México, apenas uno, o máximo dos de cada 10, son reinsertados en sus núcleos familiares. 3 La política anterior era “captar” a las personas para que acudieran a los albergues:

Los operativos para “captar” indigentes se iniciaron en 1964, con la simple idea de “limpiar” las calles de la ciudad. El estado de salud de los “captados”, su situación económica, psicológica o social importaban poco o nada. De lo que se trataba era de mejorar el paisaje urbano, incluso a fuerza.4

Muchos y muchas no querían, tal como ocurre hoy en día; se resistían entonces y lo hacen ahora, aunque se les invite con cortesía. ¿Los motivos? Maltrato, sensación de pertenencia a un espacio o unos cartones, adicciones–las personas adultas mayores en su mayoría son adictas al alcohol– y miedo a perder lo poco que les queda de autosuficiencia.

¿Asistencia o limpieza social?

Durante la anterior administración del gobierno capitalino (2002-2006) se contrató a Rudolph Giuliani para que realizara una propuesta de seguridad en las calles desde su experiencia como alcalde de Nueva York, la cual se adaptaría a la capital mexicana. Con base en sus recomendaciones se legislaron en la ciudad de México varias estrategias que han convertido la sobrevivencia en las calles en infracción, y para muestra basta revisar la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal, publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 31 de mayo de 2004.5 De enero de 2005 a diciembre de 2007, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal recibió 94 quejas por presuntas violaciones a garantías individuales, de las cuales se desprende que las personas
en situación de calle tenían la calidad de agraviadas.

Las distintas acciones que los gobiernos han realizado en las tres últimas décadas para la atención de poblaciones callejeras se mantuvieron en el mero asistencialismo. La mayor parte son planes que responden a coyunturas políticas y que carecen de continuidad. No consideran infraestructuras ni asignación de recursos diferenciados, ni toman en cuenta la evolución y complejidad del fenómeno social de las poblaciones callejeras.6

Y así, mientras quienes llevan a cabo estos programas asistenciales han asegurado desde el principio estar “tejiendo esperanzas”,7 la realidad es que sobrevivir en estas condiciones violenta los derechos humanos, y las políticas de carácter asistencialista no cambian realmente el destino de estas personas.

Este año el gobierno capitalino construirá un nuevo Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS) para población en situación de calle, una instancia que brindará alimentación y alojamiento para pernoctar a unas 400 personas; pero, ¿en qué condiciones están los CAIS que ya existen?

“Me llamo como quieras, pero lo importante es que estoy aquí por necesidad”, le dice a la reportera un hombre de alrededor de 60 años alojado en el albergue de la Plaza del Estudiante, uno de los centros de ayuda que instaló el gobierno capitalino para auxiliar a personas que viven en la calle […] En ese sitio la gente sólo puede quedarse a dormir, no está autorizada a permanecer todo el día, y debe respetar el reglamento, que incluye no llegar al lugar bajo los efectos de drogas o alcohol. Siempre hay una fila de indigentes o personas en situación de riesgo que quieren entrar a lavarse con agua caliente y jabón, cenar y dormir, los servicios que brinda el lugar. Y esa fila es “muy larga”, asegura Ramsés, un voluntario del albergue que prefirió revelar sólo su nombre de pila.

El entrevistado comentó también que, en la mayoría de los casos, los indigentes “llegan en estado de ebriedad, pero finalmente no entran y siempre están reclamando. Terminan pernoctando en la calle”, dijo. Señaló además que los días con mayor asistencia, “la gente duerme en el suelo, ante la falta de camas”. Para Ramsés, esta situación es “muy triste, porque revela que no son óptimas las condiciones del albergue”. El voluntario criticó la comida del lugar, a la que calificó de “insalubre”, y explicó que “no hay atención médica especializada” para la gente que acude.“Los que atienden son burócratas del gobierno capitalino”, apuntó. “Y para colmo no hay seguridad”, añadió. Sólo dos policías cuidan el lugar. Ramsés opinó que se debería brindar servicios psicológicos a los indigentes y niños de la calle. “Vi que de cada 10 indigentes, por lo menos cinco estaban mal psicológicamente –clarificó–. Algunas veces se pelean, se quitan las sillas, la comida… Es una situación complicada”.

“La primera vez que estuve en el albergue –remarcó–, me sentí como si estuviera en el Fray San Bernardino (un hospital psiquiátrico mexicano)”. Y a Ramsés no la falta razón: sólo hay una enfermera para atender a quienes lleguen al albergue, los baños están muy sucios y es difícil echar un vistazo dentro del lugar, porque el personal es muy reticente.8

De acuerdo con el Informe especial sobre la situación de los derechos humanos de las personas adultas mayores en las instituciones del Distrito Federal, elaborado por la CDHDF en 2007, en poco más de 83% de las áreas de baño de los seis centros revisados se encontraron encharcamientos de agua y orines, olores perniciosos y residuos (fecales y/o de alimentos) en las paredes; cerca de 67% presentaba basura en los pisos y en 50% se observó presencia de fauna nociva o restos de la misma. En 67% de las áreas de cocina de los CAIS no había contenedores para la basura acumulada, por lo que se encontró basura fuera del área destinada para su acopio y fauna nociva o restos de ella; el personal no usaba cofia, cubrebocas ni guantes, y el manejo de la loza y utensilios de cocina era inadecuado.

Respecto a la limpieza de las áreas de dormitorio de los centros, las y los visitadores de la CDHDF dieron cuenta de lo siguiente: 1) los olores perniciosos en cerca de 67% de los dormitorios; 2) en uno de los centros, los beneficiarios sacudían las cobijas y refirieron que era“para quitarles los piojos”; 3) las personas beneficiarias acumulaban entre sus pertenencias ropa sucia y alimentos, y 4) en el dormitorio de los beneficiarios postrados de uno de los centros había un espacio para consumo de alimentos, en medio de olores perniciosos y gatos callejeros. 9

Ante este panorama cabe preguntar: ¿de verdad estos centros están hechos para que las personas dejen la calle y puedan vivir dignamente, o solamente sirven para“limpiar la ciudad”? En conferencia de prensa en marzo de este año, Martí Batres, secretario de Desarrollo Social capitalino, dijo que el albergue de Atlampa, donde en otro tiempo estuvo la población postrada, actualmente se encuentra en proceso de rehabilitación a fin de alojar de forma permanente a las personas que viven en la vía pública y ofrecerles servicio médico, así como actividades recreativas y culturales.10 Habrá que ver si será cierto, pues mientras las “soluciones” no cambien su perspectiva, la gente seguirá prefiriendo dormir en las calles que ingresar a alguno de estos centros asistenciales.

El caso de la Casa Xochiquetzal

Hace más de dos años que el gobierno capitalino anunció el inicio del proyecto Casa Xochiquetzal, en colaboración con la asociación civil Semillas. El objetivo era crear un espacio de vivienda digna para sexoservidoras de la tercera edad, sin embargo éste no ha cumplido con las expectativas de todas las mujeres que han pasado por sus muros:

María Luisa Chávez vivió durante año y medio en este lugar […] pero las condiciones impuestas por una nueva dirección la obligaron a refugiarse en casa de su hijo. A sus 66 años ha vuelto al Jardín Loreto con la intención de “hacerse unos ratos”, aunque sabe que en una semana podría tener sólo un encuentro a cambio de 70 pesos. Sus visitas al Hospital Gregorio Salas para curaciones en su pie derecho, la depresión y las presiones de horarios que dice haber experimentado en la Casa la llevaron a dejar la vivienda.

[…] un viernes llegó a la Casa a las 11:00 horas, después de una consulta médica, y la directora, Rosalba Ríos, le hizo saber que no podía entrar a deshoras. María Luisa le explicó que había ido a curación pero “hasta me quitó la calceta para ver y me dijo que no era una curación del día. Me dijo que ya no alcancé desayuno y no me quería dejar salir a desayunar en la calle”.

Por ser diabética esta mujer asegura sufrir bajas de azúcar si no ingiere alimentos, hecho que le costó por ausentarse por una hora. Sin embargo, los problemas con sus hijos hicieron que María Luisa volviera a salir al siguiente día:“estaba mal moralmente y había tenido un disgusto, vine a platicar al parque para que se me pasara la depresión y ya no me dejaron entrar” […] “En diciembre, en los meros fríos me echó para afuera”. El castigo fue de dos meses: “me dijo que después fuera y a ver si había oportunidad de volver”.

Otra de las mujeres que dejó la Casa tiene 56 años y prefiere mantener su nombre en anonimato. Ella asegura haber sufrido la discriminación de sus propias compañeras y los castigos de la directora. “Cuando no obedecíamos las órdenes la señora Rosalba decía que no íbamos a salir, sino a estar sentadas en el patio o en el cuarto, o no nos daban de comer o merendar”.11

Como ellas, afirman, muchas otras han abandonado la Casa y han vuelto a las calles o se han ido con familiares.

El derecho a la salud y a la vida, aún en la calle

En septiembre de 1995, la CDHDF emitió la Recomendación 13/1995,12 la cual tuvo su origen en un suceso doloroso: la muerte anunciada, y tal vez evitable, de un hombre menesteroso en la calle, sin que –a pesar de las insistentes llamadas telefónicas de los vecinos– autoridad alguna le prestara atención con el argumento de que se trataba de un indigente en estado etílico y que no se atiende a ese tipo de personas.

En una actitud abiertamente discriminatoria, tanto el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) como la Cruz Roja Mexicana tuvieron conocimiento del peligro que corría la vida del hoy occiso, sin embargo, argumentando que “a ese tipo de personas no las reciben en los hospitales”, le negaron la atención médica oportuna, violentando a todas luces su derecho a la salud y a la vida misma.

Las adicciones son parte de la vida en la calle y las políticas públicas que se implementen dirigidas a la atención de la población callejera deben tomar eso en cuenta. No se puede argumentar que se niega atención médica o acceso a algún programa simplemente por ser víctimas de una enfermedad como el alcoholismo o la drogadicción o, peor aún, por estar en situación de calle, sobre todo si además se trata de personas adultas mayores. Los programas deben ser integrales y no limitarse a la mirada asistencial. Los cuerpos de rescate, oficiales y voluntarios, deben saber que los hospitales y centros de salud de la Secretaría de Salud del Distrito Federal están obligados, en todos los casos de urgencia, a recibir y brindar la atención médica necesaria a toda persona. Las poblaciones callejeras tienen derecho a una vida digna, sin violencia ni discriminación.

* Investigación especial realizada por Elizabeth Palacios, colaboradora de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y publicada el pasado mes de Julio en la Revista DFENSOR, órgano oficial de difusión de dicha institución.

Notas al pie de página: 

1 Julio Boltvinik, “La pobreza en el Distrito Federal/i”, Economía Moral en La Jornada, noviembre de 2006, véase
<www.jornada. unam.mx>,
página consultada el 22 de junio de 2009.
2 Luis Guillermo Hernández, “Deambulan por las calles unos 20 mil indigentes” en El Universal, 2 de marzo de 2008, véase
http://www.el-universal.com.mx/ciudad/89162.html,
página consultada el 18 de junio de 2009.
3 Idem.
4 Jesusa Cervantes, “Una noche con los olvidados. Indigencia en el DF” en Masiosare,
suplemento de La Jornada, 19 de septiembre de 1999.
5 Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal, disponible en
<http://www.provecino.org.mx/pdfs/leyes/Ley_CulturaCivica_DF.pdf&gt;,
página consultada el 22 de junio de 2009.
6 Cristina Pérez-Stadelmann, “Aplican ‘limpieza social’ a indigentes” en El Universal, 15 de marzo de 2009, véase <http://www.eluniversal.com.mx/ primera/32641.html>, página consultada el 19 de junio de 2009.
7 Lourdes Godínez Leal, “Programa para indigentes y personas en abandono social. En el DF, se reconstruye el futuro y tejen esperanzas” en cimac Noticias, 22 de diciembre de 2006, véase
<http://www.cimacnoticias.com/site/06122210-En-el-DF-se-recons.16009.0.html&gt;, página consultada el 24 de junio de 2009.
8 Rosalía Vergara, “Los albergues para indigentes están llenos de problemas” en Terra Magazine, 17 de diciembre de 2007, véase
<http://www.ar.terra. com/terramagazine/interna/0,,EI9096-OI2157763,00.html>,
página consultada el 19 de junio de 2009.
9 CDHDF, op. cit., pp. 123-134.
10 Mónica Archundia, “El gdf construirá nuevo albergue para indigentes” en El Universal, 8 de marzo de 2009, véase
<http://www.eluniversal.com.mx/ notas/582064.html>,
página consultada el 18 de junio de 2009.
11 Mónica Archundia, “Ancianas denuncian abusos en albergue” en El Universal, 31 de enero de 2009, véase <http://www.el-universal.com.mx/ciudad/ 93897.html>, página consultada el 18 de junio de 2009.
12 Recomendación 13/1995, disponible en
<http://www.CDHDF.org.mx/index. php?id=rec1395>,
página consultada el 19 de junio de 2009.

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Caravana de Amnistía Internacional por los derechos humanos de defensores en Guerrero

Este es el discurso que Alberto Herrera, director de Amnistía Internacional México, pronunció el día de hoy afuera de las oficinas de gobierno Guerrero, minutos después de haber participado en una reunión con el Secretario General de Gobierno.

Amnistía Internacional organizó una caravana de dos días al municipio de Ayutla de los Libres en Guerrero donde se han comentido sistemáticas y constantes violaciones a los derechos humanos. Raúl, defensor de derechos humanos en esta localidad pobre y marginadal, está preso injustamente y Amnistía exige su liberación:
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“El día de hoy, hemos venido desde diferentes estados de la República mexicana, activistas de Amnistía Internacional para encontrarnos con nuestros compañeros y compañeras de la Organización del Pueblo Indígena Me´phaa, del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan y de Peace Brigades International para manifestar nuestra profunda preocupación por el pésimo estado de los derechos humanos en Guerrero, que ha afectado particularmente la seguridad de defensores y defensoras de derechos humanos.
Hemos venido también a visitar a Raúl Hernández, prisionero de conciencia declarado por Amnistía Internacional, para expresarle nuestra solidaridad y para compartirle los mensajes que activistas de más de 50 países nos han hecho llegar para él. Todas y todos ellos exigen su liberación inmediata e incondicional.
Raúl Hernandez es hoy un emblema de la verdadera respuesta con que defensores y defensoras de derechos humanos se encuentran en México cuando ante su propia realidad marcada por la discriminación, la inseguridad, la falta de voz y la desposesión, deciden alzar la voz.
Amnistía Internacional exige dignidad a un lado de las comunidades organizadas que han hecho suyo el derecho de oponerse a los abusos del poder. Y así, nuestros más de 2.2 millones de miembros en 150 países y territorios respaldan, reconocen y respetan el trabajo valiente de defensoras y defensores que, como Raúl, han padecido las consecuencias de un Estado como el mexicano que ha sido incapaz de construir en el interior lo que en el exterior reivindica y defiende.
Raúl Hernández debe ser liberado de manera inmediata y sin condiciones. El pueblo indígena Me´Phaa debe ser escuchado en sus demandas. Amnistía Internacional condena terminantemente las amenazas, intimidaciones y agresiones de que son objeto defensores y defensoras de derechos humanos en el estado de Guerrero. La impunidad no puede ser más la respuesta oficial ante estos hechos. Las autoridades del estado tienen importantes explicaciones que dar, no solo ante la sociedad guerrerense, sino ante la comunidad nacional e internacional que ha manifestado en repetidas ocasiones su consternación por estos hechos. Y sobre todo, deben las autoridades tomar medidas urgentes si en verdad desean enviar un mensaje de compromiso con los derechos humanos.
Amnistía Internacional continuará denunciando públicamente, nacional e internacionalmente, la arbitrariedad que significa el encarcelamiento de Raúl Hernández.
Agradecemos y admiramos profundamente la valentía con que la OPIM ha enfrentado los abusos del poder, a través de la organización comunitaria. Sepan que miles de activistas, miembros y simpatizantes de Amnistía Internacional en todo el mundo alzan la voz de diferentes maneras para juntos y juntas reivindicar la dignidad humana”