“La vida loca”: una mirada más allá de los tatuajes

Desde que tengo memoria tuve la idea de que los tatuajes te marcaban… y no sólo en el sentido literal de la marca que dejan sobre tu piel para toda tu vida, sino de la marca social y el estigma que una persona tatuada trae consigo. Cuando en la adolescencia comencé a querer expresar mis ideas y emociones en todos los espacios posibles, incluida mi propia piel, mi madre siempre me decía que “sólo los delincuentes y los expresidiarios se hacían tatuajes”. Reconozco que aunque no compartía esa idea, tampoco tuve valor para hacerme un tatuaje. Hoy tengo 36 años y sigo teniendo unas ganas infinitas de tatuarme algo que hable para siempre de lo que soy, del ser humano que siempre quiere expresar algo, quiero hablar por mi piel. Todavía no lo hago… creo que ahora es más miedo al dolor físico del procedimiento que al estigma… pero pronto lo venceré y me tatuaré.

Ustedes, queridos lectores y lectoras se preguntarán ¿y a nosotros qué nos importa lo que esta mujer, periodista, escritora, amante de la libertad piense o no piense sobre los tatuajes?, en efecto, lo que yo piense de los tatuajes no es el tema de esta reflexión. El tema es… y ¿ustedes qué piensan, qué sienten, qué se imaginan cuando ven a una persona tatuada?… ¿ya lo pensaron?

Ahora, la segunda parte de este ejercicio es… cuando una persona ha decorado su cuerpo con tatuajes a tal grado de que no sabemos cuál era el color original de su piel… ¿qué te dice eso de esa persona?… ¿han tratado de leer los mensajes que esa persona quiso expresar en su propia piel?… ¿se han puesto a pensar en el significado que esos mensajes pueden tener?… En una sola pregunta: ¿ustedes han tratado de ver más allá de los tatuajes?

En otro momento de mi vida, cuando veía el cine con ojos de cineasta y no con ojos de mujer libertaria, este post hubiera sido una reseña más del documental “La vida loca”, último trabajo del documentalista franco-español Christian Poveda. Pero hoy este post no es una reseña crítica del trabajo cinematográfico que recientemente fue estrenado en salas comerciales del Distrito Federal. Y… ¿saben por qué no lo es?… porque Christian, conmigo, como espectadora, logró su cometido: yo acepté la invitación para conocer al ser humano que hay debajo de la piel tatuada.

Las pandillas centroamericanas son el tema de este documental. Es un tema fuerte. El documental tiene un fuerte   olor a muerte… pero también es un canto a la vida. Sí… tal como lo leen. Yo no creo que Christian Poveda haya querido que los espectadores saliéramos de la sala de cine convencidos de que la desesperanza y el crimen es un destino tan incrustado en la piel de esos jóvenes como cada uno de sus tatuajes. Al menos yo no salí con esa sensación… porque la narrativa del documental, las historias presentadas, las miradas, las lágrimas, las risas, el brillo de los ojos, me hicieron dejar de ver los tatuajes en la piel de quienes integran la Mara 18, una pandilla integrada por… ¡adivinen!… POR SERES HUMANOS.

Es probable que las personas que vean este documental tengan conocimientos previos del fenómeno de las maras en Centroamérica. Tan solo con buscar un poco de noticias tendrían elementos para llegar cargadas de prejuicios, estigmas y discriminación. Probablemente haya otras personas que lleguen informadas, contextualizadas, que sepan que nacer y crecer en un país pobre, devastado por una guerra que no deja de pasar  facturas no es un asunto sencillo. Pero lo cierto es que aún aquellas personas que no saben nada de las pandillas en El Salvador podrán disfrutar este documental y, probablemente serán quienes más lo disfruten, porque llegarán ante la pantalla con los ojos limpios y los oídos abiertos… tal como lo hizo Christian Poveda.

Christian Poveda vivió con las y los pandilleros durante mucho tiempo. Él no llegó a El Salvador como Europeo lejano, no los filmó por unos días desde la lejana mirada de una persona que creció en el primer mundo. Tampoco los juzgó con la lente. No los victimizó ni los satanizó. Él sólo los aceptó, tal y como son. El resultado que se obtiene cuando alguien se acerca con honestidad, sin prejuicios, con el profesionalismo de querer contar una historia desde y para la verdad es algo como “La Vida Loca”: una mirada más allá de los tatuajes.