Nuevo manual para periodistas en México

El próximo lunes 29 de noviembre, a las 5:00 pm (tiempo de la ciudad de México) se estará presentando el Manual para la autoprotección de periodistas, un esfuerzo  importante realizado por el periodista y amigo Andrés Solís.

 

La cita para esta presentación es en el edificio sede de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal ubicado en Av. Universidad 1449, col. Florida, del. Álvaro Obregón, México, D.F. (estación del metro Viveros/derechos humanos)

Darío Fritz, colega experimentado en temas de seguridad publicó hace unos minutos en su blog acerca de esta presentación, les comparto el link:

Nuevo manual para periodistas en México.

Texto dedicado a un migrante no identificado (asesinado en San Fernando)

 

La Declaración Universal de Derechos Humanos proclama que todos los seres nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en ella, sin distinción de ningún tipo, en particular de raza, color u origen nacional. Nada más alejado de lo que encontró un migrante centroamericano que, al pasar por México, perdió la vida en una de las masacres más terribles que haya registrado la historia reciente de México. Fue uno de los setenta y dos migrantes cuya ausencia hoy lloramos.


Este hombre, uno de los treinta cuyo nombre aún no conocemos, presuntamente murió a manos de grupos de la delincuencia organizada que usan la extorsión, el robo y el secuestro de migrantes para engrosar sus ejércitos de la muerte.¿Es eso responsabilidad del Estado mexicano? Sí, contundente y definitivamente sí lo es.

Los derechos que son relevantes para los migrantes surgen a partir del derecho internacional sobre derechos humanos, del derecho sobre trabajadores migrantes, y del derecho humanitario. Pero todas las personas migrantes son seres humanos que poseen derechos humanos y libertades fundamentales e inalienables que son universalmente reconocidas en instrumentos internacionales como la Declaración Universal sobre Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, de la cual por supuesto México es signatario.

Mientras que algunos derechos humanos y libertades no son absolutos y pueden, en ciertas circunstancias limitadas, ser derogados, los derechos humanos fundamentales y las libertades nunca pueden ser suspendidos, por ejemplo, el derecho a la vida, y la libertad de la tortura. La masacre de San Fernando, en Tamaulipas ha demostrado que en México esta garantía no existe.

 

Hasta antes de hacerse pública la matanza de San Fernando, para las autoridades y la mayoría de los medios de comunicación, los inmigrantes eran personas “ilegales”. La utilización de este término conduce a decir que los seres humanos en sí mismos son ilegales. Este calificativo demuestra una tendencia a la criminalización de la migración, haciendo pasar al migrante que entra en un territorio nacional sin sus papeles en regla, por un delincuente.

En México son numerosas las detenciones de migrantes por miembros de cuerpos sin facultad legal de hacerlas. El objetivo principal de estas detenciones es la extorsión, acompañada muchas veces por violencia, amenazas, agresiones sexuales y en los últimos años se han incrementado las historias de secuestro y muerte. Todo esto ocurre a lo largo del trayecto que recorren las y los migrantes centroamericanos por México, y todo pasa en medio de una situación de total impunidad y, muchas veces, complicidad de agentes del Estado mexicano. En 2008 la Federación Internacional de Derechos Humanos y el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos visitaron juzgados y centros de defensa de los derechos humanos en nuestro país, y no encontraron un solo caso de condena judicial por los abusos contra las personas migrantes.

La matanza de San Fernando no ha sido más que la punta del iceberg. Las violaciones y abusos contra de los derechos de las personas migrantes en México han sido una realidad quizá incluso peor que la que las personas migrantes mexicanas viven en los Estados Unidos. Por ejemplo, en Arriaga, Chiapas cuando tratan de montarse en el tren que los lleva hacia la frontera con Estados Unidos, la empresa de ferrocarril contrata “garroteros”, es decir personal de seguridad que colabora con las fuerzas policiales para interceptar, golpear y detener a las personas indocumentadas. En el famoso operativo llamado “Relámpago” han fallecido muchas personas migrantes. Nadie ha sido castigado por estos crímenes. La terrible masacre de San Fernando dejó al desnudo la incoherencia del gobierno mexicano, que exige a los Estados Unidos un trato humanitario para su gente y al mismo tiempo violenta sistemáticamente los derechos humanos de los migrantes centroamericanos.

Y en algo que podría considerarse el colmo de todas las violaciones a los derechos humanos nos encontramos las irregularidades y deficiencias que hacen que hoy, este texto, esté dedicado a un migrante desconocido. Él no era un desconocido, tenía una historia, un rostro, una familia, una vida. El Estado mexicano además de no haberle garantizado su derecho a la seguridad, a no ser víctima de tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes, tampoco ha sido capaz de garantizar su derecho a la identidad, nombre y nacionalidad. Cuando alguien muere la ley obliga a las autoridades a comunicar al consulado para la entrega del cuerpo, pero muchas veces las autoridades se deshacen de los documentos para evitarse los trámites burocráticos y los fallecidos son clasificados como NN (no identificados). Todos estos cuerpos son enterrados en fosas comunes. En el cementerio de Tapachula, Chiapas, por ejemplo, esta fosa común está debajo de un basurero. No informar a los familiares sobre donde está enterrada una persona, constituye una violación del artículo 7 del Pacto de los Derechos Civiles y Políticos y puede ser clasificado como tortura. ¿Cuántos casos así habrá en México?

Pareciera que las autoridades mexicanas hubiesen sido “sorprendidas” por la matanza de San Fernando, pero no fue así. En el marco de una audiencia pública del 138 periodo de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) efectuada el día 22 de marzo de 2010 en la ciudad de Washington DC, Estados Unidos de América, organizaciones de la sociedad civil denunciaron el secuestro sistemático y generalizado a personas migrantes en México, cometido por el crimen organizado con la complicidad de autoridades como producto de una política migratoria restrictiva y con escasa perspectiva de derechos humanos.

Al recibir la información, Felipe González, Presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Relator para los Trabajadores Migrantes y sus Familias, señaló que la cifra presentada por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, de 9,758 personas migrantes secuestradas en un lapso de seis meses era escalofriante y, sí, realmente lo es.

Así, la CIDH señaló que el Estado mexicano debía redoblar esfuerzos para prevenir que esta situación se continuara reproduciendo. Nada hicieron, pasaron los meses y así llegó el 23 de agosto de 2010, un día que sacudió al mundo cuando salieron a la luz los horrores que ha permitido un Estado que se jacta de ser promotor y protector de los derechos humanos.

Tres semanas después de que el mundo conociera la tragedia de San Fernando, el Congreso de la Unión aprobó una reforma legal por la que se permitirá a los migrantes indocumentados presentar quejas por violaciones a sus derechos humanos en México y les da garantías para recibir atención médica sin que sea revelada su situación migratoria. Nada más vergonzoso. ¿Por qué no habían hecho este trabajo antes? Era simplemente una modificación a la Ley General de Población, una reforma que quizá en algo habría ayudado para evitar la masacre.

La reforma establece que “no se podrá negar o restringir a los extranjeros que lo requieran, cualquiera que sea su situación migratoria, la atención de quejas en materia de derechos humanos y la procuración de justicia en todos los niveles, siempre y cuando cumplan con los requisitos establecidos en las disposiciones legales aplicables”. Pero ¿es que acaso no eran suficientes los tratados internacionales firmados por México? Antes de la modificación, la ley sólo señalaba que los extranjeros podían realizar trámites siempre y cuando comprobaran su estancia legal en el país. Eso era ya una violación al derecho internacional de los derechos humanos. Una entre muchas violaciones que México comete día con día.

 

Publicación original: http://www.72migrantes.com/migranteSolo.php?id=58

 

Un humilde homenaje a la memoria de los bebes de la #GuarderíaABC

El pasado 31 de octubre algunas periodistas participamos, como muchos otros ciudadanos, en una ofrenda montada en honor a la memoria de los bebés fallecidos en aquel trágico incendio del 5 de junio de 2009 en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora. Esta ofrenda fue colocada en las escalinatas del Ángel de la Independencia, en la ciudad de México.

Algunas personas llevaron flores, otras velas, juguetes y dulces para recordar a estos pequeños pero nosotras somos periodistas así que pensamos ¿qué mejor regalo podemos dar que nuestras más sentidas palabras? Así, Elia Baltazar, Lydiette Carrión y yo tomamos la palabra para gritar nuestra rabia, nuestra indignación, para pedir perdón por la indiferencia que los medios y los periodistas hemos tenido ante esta tragedia. Alzamos la voz y lanzamos las palabras al viento porque éstas son nuestras armas y nunca, nunca las vamos a dejar de usar.

 

Calaverita para un México sangrante

Nunca me había gustado hacer “calaveritas” (versos tradicionales que en México se hacen para mofarse de la muerte) pero en mi oficina hicieron un concurso interno y había palabras, pensamientos, frases que querían ver la luz en medio de tanta muerte… este fue el resultado…. ah! y ganó el primer lugar:

 

 

Muy triste vagaba la catrina

su alma en pena no callaba

pues en México la sangre

llenaba un río que no cesaba

 

-¿Pero no era eso lo que tú querías?

Preguntó un ángel a la Parca

la mirada levantó la flaca

y dijo: ¡no digas tonterías!

 

Y agregó: Yo me llevo a mi reino las almas

cuando han cumplido su misión

cuando de volar tanto sus alas

se les ha cansado el corazón”

 

En esta tierra yo no elijo

dijo la parca muy acongojada

porque ya decidió un canijo

que aquí “¡la vida no vale nada!”