Y a todo esto… que es la justicia?

Mi padre dice que mi abuela tiene 90 años… Yo creo que son 95… Al ingresar al hospital la enfermera anotó 105… En fin… Ha vivido mucho ya. Ella, sin duda tuvo una vida difícil. Rompiendo esquemas, haciendo lo que quería, siendo la encarnación pura de lo que en México conocemos como “una cabrona”.

Desde niña la considere una mujer fuerte, adelantada a su tiempo, que en medio de su analfabetismo y la falta de oportunidades supo ser independiente y vivir como mejor lo considero, no era la figura de la “buena madre”, ni la abuela que cuenta cuentos, mucho menos una mujer recatada. Pero nunca me he creído nadie para juzgarla.

Hoy mi abuela esta frente a mi, con el rostro desfigurado, morado de tantos golpes, con la piel arrugada y lastimada, con los ojos cerrados y ciegos -tal vez para siempre-. Fue víctima de algo mas que un asalto.

Mi abuela fue golpeada y violentada de una forma sádica e inhumana. El motivo? Hasta ahora solo parece un robo, un simple robo de no mas de mil pesos que estuvieron a punto de convertir en asesino a quien cometió semejante acto de crueldad.

Verla así, destruida, desorientada, sufriendo, quejándose, me lleva a pensar que tengo mucho tiempo luchando, escribiendo, marchando, alzando la voz, protestando y creyendo que busco algo que quiero que exista pero no se que es. Y es que a todo esto… Que demonios es la justicia?

Mi padre esta enfermo, cansado. Mi hermano esta desgastado, preocupado, estresado. Mis hijos están asustados, desconcertados, al cuidado de amigos cercanos. Yo estoy triste, asqueada de un mundo donde alguien pueda querer matar a golpes a una anciana indefensa por unos cuantos pesos. Todos estamos enojados y el sentimiento de impotencia se ha vuelto un común denominador entre nosotros.

La policía dice que atrapo al culpable, nos habla de un menor de edad, borracho, violento y los agentes pretenden hacer surgir nuestros mas primitivos instintos alentándonos a odiarle.

Pero yo no puedo odiar a un chico que fue detenido fuera de toda norma, por unos policías “de investigación” que yo misma vi contaminando la escena del crimen, sin ningún respeto ni intención de encontrar al verdadero culpable.

No puedo odiar a un niño que ha crecido en un pueblo miserable, que no tiene mas opción que buscar satisfactores inmediatos y no pensar en las consecuencias de ninguno de sus actos.

Y no es que no quisiera odiarlo, quizá el odio seria visto como una reacción “normal”, el odio tal vez seria mas fácil de llevar en el corazón que la impotencia y la tristeza que ahora siento. Pero es que no puedo.

Y es que no creo que eso sea la justicia. Encarcelar a un adolescente que confiesa un crimen mediante métodos coercitivos, incluso antes de que los peritos hayan concluido las mínimas pruebas para inculparlo no puede ser justicia. Esa no es la justicia por la que yo he luchado con tanta convicción.

Y ahora entiendo porque mucha gente acusa a las personas que defendemos derechos humanos de ser “defensores de delincuentes”. Pero hoy, ni siquiera por vivir esta experiencia puedo sentir ” tranquilidad” por haber recibido esa mal llamada “justicia”.

Este suceso cambiara la vida de mi familia en muchos aspectos. Afecta la salud de mi padre y de mi hermano. La cárcel para el presunto responsable no cambiará el hecho de que mi abuela no volverá a ver la luz del sol, no le quitará las secuelas permanentes, no le devolverá la tranquilidad a mi padre ni a mi hermano. La cárcel no nos quitará el miedo ni le devolverá a mi abuela la salud y la dignidad.

Que es entonces la justicia? La cárcel para un joven de 17 años no le devolverá las oportunidades que la pobreza y la marginación le negaron de facto. La cárcel sera, por el contrario, la única opción educativa que tendrá para graduarse de lo que hoy, a pesar de la violencia y la brutalidad de esta acción, no es: un criminal profesional.

Y mi abuela? Ella solo sera una estadística mas, una mujer golpeada, violentada, ultrajada e ignorada por un sistema que, como yo ahora, desconoce el significado real de la palabra justicia.

Escrito por Elizabeth Palacios. Periodista y defensora de derechos humanos. Publicado con WordPress para BlackBerry.