Crónica no oficial de una periodista mexicana en París

Mientras desayuno-como (los horarios de mi estomago son una locura) en un típico café parisino, muy cerca de Le Peletier, recuerdo la última película francesa que vi. Ni siquiera me acuerdo del título, sólo se que la protagonista era una Juliette Binonche madura y siempre hermosa.

Binonche interpreto en esa cinta… Ellas, ya lo recordé, se llamaba simplemente Ellas…. A una periodista que hacia reportajes freelance para la revista Elle.

Y por que comienzo esta crónica justo con ese recuerdo? Porque este viaje me ha dado una certeza: puedo ser periodista, libre, en cualquier lugar del mundo. Y no importa en que idioma se escriba o en que idioma se entreviste… Porque la pasión es un lenguaje universal.

Y para buscar historias hace falta pasión. Para que la gente te cuente las historias se debe compartir esa pasión. En París, muchas personas han querido hablar conmigo y estoy convencida de que además de mi iPad, iPod y todos los elementos que le debo a Steve Jobs, tres herramientas han sido fundamentales para el éxito de estas historias: la intuición (he seguido mi instinto, no mi agenda), la humildad con certeza (no hablo tu idioma pero estoy segura de que me interesa lo que me tengas que decir) y la sonrisa (a ver, quien te cierra la puerta si siempre sonríes?).

Yo no se si a otros periodistas les funcione impresionar a sus fuentes con toooodo lo que saben del tema. Yo no hago eso. Para mi es importante que mis fuentes sepan todo lo que se, y lo que quiero saber, de ellos. Pero me es fundamental que sepan que yo soy una humilde ignorante de la materia que ellos dominan.

En París, las personas han cambiado sus agendas, conseguido traductores, buscado mi foto en Facebook para encontrarme en algún punto, todo para que las entrevistas fueran un éxito. No lo hicieron porque me haya ganado grandes premios de periodismo, ni porque haya publicado cientos de lo libros. Lo hicieron porque tenía un interés honesto es conocer sus historias.

La fórmula funciona lo mismo para importantes hombres o mujeres de negocios, que para equipos creativos o para vecinos que serán desalojados del barrio donde son propietarios de un negocio exitoso.

Ayer me dijeron que “era muy difícil escribir en francés” y lo agradezco porque hoy entendí que mi trabajo no es escribir, mi trabajo es encontrar las historias y eso lo puedo hacer en el único idioma que debe tener una historia para ser leída: la pasión con la que es contada.

Así, mientras como un steak casi crudo acompañado de una salsa de mostaza que no me agrada y unas papas a la francesa que por supuesto aquí no se llaman así, sino simplemente papas fritas (porque a las tipo sabritas las llaman chips), arropada por el sueter mas delicioso de mi vida que compre por tres euros en el metro, lo que veo es una ciudad nublada y fría que me gusta, que me acoge, que me cuenta historias.

Lo que veo a través de las ventanas de este bar parisino, son mis ganas de ser, permanentemente, una periodista libre que busca historias en París… O en cualquier lado.

Anuncios