Tolerancia y respeto: el clamor de la juventud

Kofi Annan, ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (onu) decía que una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras y está condenada a desangrarse. Pero hoy, las y los jóvenes siguen siendo objeto de represión, indiferencia o, peor aún, de intolerancia. Se sienten aislados del mundo adulto y por ello buscan construir mundos propios. Nada de eso parece importarle a nadie.

 

Las y los adolescentes construyen su identidad día a día, para ello necesitan sentir que pertenecen a algo. La sociedad debería tener un lugar para ellas y ellos, pero no es así, la cultura socialmente aceptada los rechaza y es momento de construir culturas propias, también llamadas subculturas.

            Así surgen grupos conocidos como tribus urbanas, aunque para Jorge Ronderos Valderrama, sociólogo y docente de la Universidad de Caldas ubicada en Manizales, Colombia el término no es el más adecuado pues tiene un sentido peyorativo y no reconoce que estos grupos juveniles corresponden a un proceso evolutivo de la sociedad, que se adopta con nuevas identidades y diferencias.

Las y los jóvenes que se identifican con dichos grupos son constantemente estereotipados, señalados, discriminados y hasta criminalizados por las personas adultas. Lo lamentable es que la intolerancia se reproduce también entre ellos provocando disputas y violencia, como ocurrió en el mes de marzo en Querétaro y en el Distrito Federal.

 

 

La tecnología al servicio de la intolerancia

 

El ciberespacio se ha convertido en la principal arena de lucha para los grupos juveniles donde, además de dirimir sus disputas, incurren en actos de xenofobia y de discriminación. Protegidos por el anonimato y la velocidad, las y los jóvenes difunden videos y textos que invitan a exterminar a miembros de otros grupos con los que se tiene rivalidad, sobre todo en contra de las y los emos que son las personas más agredidas en estas batallas promovidas por la red. Se les acusa de copiar otros estilos y se les rechaza por la sensibilidad y emotividad que les caracteriza, así como por supuestos intentos suicidas y constantes auto heridas que muestran con orgullo. Llama la atención su necesidad afectiva y el modelo de familia sustituta que construyen entre el grupo, el contacto físico es importante para ellos y ellas, por lo que otro factor de rechazo es que las otras tribus las y los consideran homosexuales.

De acuerdo con el vicepresidente del Comité Jurídico de la Asociación Mexicana de Internet (Amipci), Agustín Ríos, la incitación a la violencia en contra de una persona o grupo social y la discriminación son ilícitos que se pueden sancionar mediante una denuncia. Sin embargo, cuando estas acciones se realizan a través de Internet resulta complejo detectar al probable responsable. La Policía Cibernética, de la Policía Federal Preventiva (pfp), tiene facultades de carácter preventivo, lo cual la limita para actuar como ente jurídico, y sólo podría coadyuvar si es requerida en el proceso de investigación del Ministerio Público al que un individuo recurra para iniciar una querella.[1]

Así, respaldadas por el anonimato que brinda internet, hay personas que promueven la violencia y la intolerancia entre las y los jóvenes. Algunos miembros de los grupos juveniles niegan que en realidad existan confrontaciones por territorios e incluso dicen aceptar las diferentes ideologías y que lo único que no se tolera es la discriminación,[2] lamentablemente los hechos demuestran que no todos piensan lo mismo.

 

 

Enfrentamientos en México

 

El movimiento Emo está ya en toda América Latina, y las agresiones en su contra también, por lo que México no ha sido la excepción. El 8 de marzo del presente año los medios de comunicación dieron la noticia: “Integrantes de tribus urbanas atacan a jóvenes emo en Querétaro”. Darks, punks y skatos fueron los agresores, convocados a través de internet y volantes distribuidos en las escuelas. Buscaban impedir que las y los emos se reunieran en la Plaza de Armas. Intervino la policía y detuvo a 22 personas menores de edad. Los medios se dedicaron a reiterar que esto era un hecho inédito, dado que dicha ciudad siempre se ha distinguido por su tranquilidad y paz. Sobrevino el rechazo social.[3]

            Posteriormente la violencia por intolerancia entre grupos juveniles se repitió, esta vez en la ciudad de México. El 13 de marzo, un cibernauta de la página <www.larevo.org> convocó a un “ataque masivo” en la Glorieta de Insurgentes, ubicada en el centro de la ciudad de México. La cita fue el 15 de marzo y nuevamente hubo enfrentamientos violentos. El 21 de marzo hubo una nueva convocatoria para expulsar a las y los emos de la Glorieta de Insurgentes que participaban en una reunión con autoridades gubernamentales. En esa ocasión no hubo violencia, gracias a la implementación de un operativo policiaco, y se logró comprometer a los grupos para la firma de un pacto de no agresión, con el apoyo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (cdhdf).

Días después dicho pacto fue roto ya que adolescentes emos quisieron ingresar al Tianguis del Chopo, un sitio considerado territorio por grupos como punks, darks y skatos, y nuevamente surgió una trifulca. Lo irónico es que esta disputa, que duró aproximadamente 20 minutos, ocurrió en medio de una marcha por el respeto y la tolerancia, también convocada por internet.[4]

Ante la violencia y la intolerancia, la cdhdf se pronunció por el respeto a las distintas identidades juveniles e incitó al Estado a contribuir para detener las espirales de violencia. Su presidente, Emilio Álvarez Icaza Longoria, aseguró que se debe reconocer el derecho a la identidad a partir de ser joven, evitando actitudes discriminatorias al considerarlos parte de la solución y no como un problema.

 

 

Comprender para respetar

 

La Organización de las Naciones Unidas define la tolerancia como el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. Afirma que la tolerancia consiste en la armonía en la diferencia, que no sólo es un deber moral, sino una exigencia política y jurídica. Es decir, que todas las personas tenemos el derecho de ser como decidamos y expresarlo sin por ello ser discriminadas o agredidas, incluyendo a las y los jóvenes.

En la práctica, la tolerancia y el respeto para los diversos valores y expresiones culturales de las y los jóvenes están lejos de ser una realidad. Constantemente sufren agresiones y son discriminados por su forma de vestir, su peinado, su música y sus hábitos. Lo cierto es que el fenómeno de las tribus urbanas surge como una de las principales metáforas contrarias al individualismo imperante, sobre todo impuesto por el mundo adultocéntrico y presente en el seno de la familia contemporánea.

Es por ello que, como un recurso, como una reacción al anonimato y la despersonalización de las relaciones sociales inherentes al sistema y la sociedad en curso, las y los jóvenes responden con la tribalización, con apego a los viejos mecanismos de identificación de los que pueblan un territorio común, con códigos éticos y sociales propios, ajenos al sentido de la funcionalidad característica de las sociedades industrializadas, con fisicalidad proveniente del encuentro y a veces, también, de la agresión de los cuerpos, con emocionalidad desarrollada en el encuentro cercano, inmediato, festivo,  con otros que, como él o ella, recorren la ciudad en busca de sus pares, de sus iguales, de los que son parte del mismo clan, de la misma tribu de pertenencia simbólica.[5]

María José Hooft, autora del libro Tribus Urbanas: una guía para entender las subculturas juveniles de la actualidad y profesora en el Instituto Bíblico Río de la Plata, en Argentina, afirma que la mayoría de las y los chicos que forman parte de una subcultura juvenil no son violentos, ni vagos, muchos de ellos y ellas estudian o trabajan, y tienen padres que se ocupan de ellos. La académica asegura que actualmente una gran cantidad de jóvenes en América Latina viven en medio de incertidumbre e inseguridad lo que motiva esta búsqueda intensa de pertenencia e identidad grupal para enfrentar las crisis.

Por su parte, la antropóloga argentina Mariana Chávez propone trascender las interpretaciones mediáticas y observar estas subculturas juveniles sin prejuicios, intentar ver más allá de la violencia o las actitudes contestatarias, tratar de entender que las peleas entre grupos de jóvenes por la ocupación de un espacio público pueden estar indicando algo más que sólo diferencias estéticas. Asegura que el fenómeno debe abordarse fundamentalmente desde un esfuerzo para comprender al otro, desde un análisis de sus consumos, pero también desde sus prácticas, producciones y acciones, sin subestimarlas.[6]

La próxima vez que en el Metro, en la calle, en el parque o en donde sea, vea a una persona joven vestida en forma distinta, que se expresa a su manera, no piense que “son vagos”, que “deberían hacer algo bueno”, no juzgue ni etiquete, no tenga miedo. Las y los jóvenes tienen derecho a la libre asociación, a la libertad de expresión, a la no discriminación y, por supuesto, a vivir una vida libre de violencia. Necesitan espacios de pertenencia para construir su identidad. Para que este sector de la población pueda ejercer plenamente sus derechos humanos la lucha contra el estigma es fundamental y así, como afirmaba Quino, tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud.

 


* Investigación especial realizada por Elizabeth Palacios, colaboradora de la cdhdf, con el apoyo de la Red Latinoamericana de Periodistas por la Seguridad Ciudadana y la Equidad.

[1] “Luchan tribus urbanas en el ciberespacio” en Tabasco Hoy, 25 de marzo de 2008. Véase <www.tabascohoy.com.mx/nota.php?id_nota=152282>. Página consultada el 20 de octubre de 2008.

[2] “Infiltrados quienes portaban playeras anti-emo; dice dark” en La Jornada, 31 de marzo de 2008. Véase <www.jornada.unam.mx/2008/03/31/index.php?section=sociedad&article=043n1soc>, página consultada el 20 de octubre de 2008.

[3] “Integrantes de tribus urbanas atacan a jóvenes emo en Querétaro” en La Jornada, 9 de marzo de 2008, México. Véase <www.jornada.unam.mx/2008/03/09/index.php?section=estados&article=031n1est>, página consultada el 1 de octubre de 2008.

[4] “La tolerancia de tribus urbanas sólo fuera de sus territorios; impiden a emos pasar al Chopo” en La Jornada, 30 de marzo de 2008. Véase <www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=capital&article=029n1cap>.

[5] Juan Claudio Silva, “Juventud y tribus urbanas: en busca de la identidad” en Última década, núm. 17, septiembre de 2002, Centro de investigación y difusión poblacional de Achupallas, Villa del Mar, Chile. Véase: <http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/195/19501705.pdf&gt;, página consultada el 1 de octubre de 2008.

[6] “De la tribu a la comunidad: jóvenes en banda” en Diario Hoy, 15 de septiembre de 2008, Argentina. Véase < http://www.diariohoy.net/notas/verNoticia.phtml/html/268583118/pael/De-la-tribu-a-la-comunidad:-j%F3venes-en-banda/?1024&gt;, página consultada el 1 de octubre de 2008.